Viajar en tren de Miami a Tampa por primera vez mostró que, en Florida, esta modalidad no es ni la más rápida ni la más económica para trayectos largos. Aunque el tren alcanzó velocidades máximas superiores a las de la carretera, la duración total del viaje superó en más de una hora al tiempo que lleva conducir, y fue considerablemente más lento que volar entre las dos ciudades.

El recorrido incluyó múltiples paradas que desaceleraron aún más el promedio de velocidad, situándolo por debajo incluso de los límites mínimos de las autopistas de Florida. A pesar de esto, la experiencia ofreció ventajas únicas: se evitó el estrés del tránsito vehicular y el pasajero pudo descansar, comer y relajarse durante el trayecto.

Los precios de los boletos tampoco resultaron significativamente más bajos que los de otros medios. Mientras que un pasaje en clase económica en Amtrak costó alrededor de 60 dólares, volar con aerolíneas de bajo costo podía ser más barato si se reserva con anticipación, y conducir el trayecto implicaba un gasto aproximado menor en combustible.

En el regreso, la experiencia fue distinta al viajar en una habitación privada de primera clase, que ofreció mayor comodidad y privacidad, aunque a un precio más elevado que el boleto en clase económica o el costo promedio de volar o conducir.

El sistema ferroviario de Florida incluye diferentes servicios, como el tren de alta velocidad Brightline y los trenes de cercanías TriRail y SunRail, pero ninguno compite con la rapidez o el precio del avión o el automóvil para viajes interurbanos largos.

Esta experiencia evidencia la realidad de que el tren de larga distancia en Florida aún no se posiciona como una alternativa competitiva frente a otros medios de transporte, aunque brinda una opción con características distintas, como la comodidad del viaje y la posibilidad de evitar conducir.